Comisiones Obreras de Madrid | 28 de mayo de 2020

La tasa de paro del 10,6% no refleja la crisis de empleo por COVID

  • Los ERTES afectan ya a medio millón de personas y se han perdido alrededor de 140.000 empleos en la Comunidad de Madrid

28/04/2020.
La tasa de paro del 10,6% no refleja la crisis de empleo por COVID

La tasa de paro del 10,6% no refleja la crisis de empleo por COVID

Los datos de la población activa madrileña del primer trimestre de 2020, con una tasa de paro del 10,6% de la población mayor de 16 que quiere trabajar, refleja ya el pasado del mercado de trabajo madrileño, profundamente afectado por el parón económico que ha supuesto el COVID 19.

Hay que tener en cuenta que de las catorce semanas de este primer trimestre, solo dos han estado afectadas por las medidas de estado de alarma y además la EPA recoge la situación de la semana anterior, por lo que el impacto en los datos del trimestre es mínimo. Lo que refleja es el comportamiento habitual del primer trimestre del año, con unos meses de enero y febrero que registran una pérdida de empleo estacional y un mes de marzo que adelanta ya el incremento del empleo del segundo trimestre.

Pero ni se ha producido esa mejoría en marzo ni se producirá en el segundo trimestre de 2020. No solo no incrementará la ocupación en los sectores ligados a la hostelería, el turismo o el comercio, sino que va a afrontar una pérdida de empleo histórica, con más de 77.000 ERTES presentados y grandes caídas de la ocupación.

Con los datos del primer trimestre de 2020 se puede decir que la evolución de estos primeros meses en Madrid han sido negativos incluso habiendo reflejado mínimamente el efecto del COVID. Con 373.000 personas desempleadas, se ha producido un incremento de 20.700 frente al primer trimestre. De ellas, 16.000 fueron mujeres frente a 4.500 hombres. Entre las personas en paro, 150.000 llevan más de un año buscando un empleo y casi 100.000 más de dos años. La tasa de paro femenina (11,49%) es casi dos puntos superior a la de los hombres, y la de los menores de 25 años (de casi el 25%) que casi triplica a la de los mayores de 25 años (que no alcanza el 10%). El número de hogares con todos sus miembros en paro se incrementa ligeramente, hasta el 4,51 y el de hogares con al menos la mitad de los activos parados sube al 12,6%.

Mientras, el número de personas ocupadas se ha reducido en 27.500. La mayoría de los que han perdido su ocupación han sido personas trabajadoras por cuenta propia (20.700) y el resto asalariadas, situando la población trabajadora madrileña, tanto por cuenta propia como por cuenta ajena, en 3.147.000.

Los datos de esta EPA del primer trimestre reflejan por tanto los problemas de siempre: incapacidad de nuestra economía para generar empleo suficiente y de calidad, cronificación de cifras altas de desempleo y persistencia del paro de larga duración, brechas generacionales y de género, inestabilidad en el empleo, temporalidad y rotación, desigualdad y desprotección de las personas en desempleo. Problemas que durante los años de crecimiento económico no se han afrontado y que provoca que ahora nos enfrentemos a una grave crisis de empleo (con medio millón de trabajadores ya en ERTE, alrededor de 140.000 empleos menos en la región y una afectación importante de sectores de los que depende la economía madrileña, como el turismo, la hostelería o el comercio, con mayor debilidad.

Tras la emergencia sanitaria, la emergencia en el empleo exige la actuación extraordinaria y coordinada de las administraciones. Las recetas de bajada de impuestos unida a recortes con las que el Gobierno regional guía sus actuaciones no sirven para afrontar una crisis sociosanitaria y no sirve tampoco para afrontar los efectos laborales y sociales de la misma.

Si hasta la crisis de COVID 19, la precariedad laboral y el paro atrapaban a miles de madrileños y madrileñas, hoy la situación ha empeorado drásticamente para las nuevas personas que se incorporan al desempleo y para las personas desempleadas y precarias previas a la crisis de COVID. Se necesita un plan de rescate para las personas que se han quedado sin ingresos y sin posibilidades de empleo, para evitar la quiebra de los hogares y eliminar la pobreza de nuestra región. Y se necesita también un plan de reconstrucción que permita recuperar la actividad económica, reforzar y dignificar sectores que se han demostrados esenciales, como los cuidados, mejorar los servicios públicos y promover el crecimiento de los sectores ligados a la digitalización y la tecnología. Pero todo esto no será posible si, desde las diferentes administraciones, regionales y locales no se fija como objetivo prioritario mantener el empleo y proteger a todas las personas en situación de vulnerabilidad.

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