¡Hasta siempre Josefina!, mujer, emigrante, luchadora

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    13/02/2018.
    Josefina y Marcelino, una lucha codo a codo. En la cárcel de Carabanchel en 2008

    Josefina y Marcelino, una lucha codo a codo. En la cárcel de Carabanchel en 2008

    “Dos palabras de combate y solidaridad: ¡Salud Josefina!”, con estas palabras, Yenia Camacho se dirigía emocionada a Josefina, su madre enferma y por ello ausente en el multitudinario homenaje a su compañero Marcelino el pasado 21 de enero, en conmemoración del centenario de su nacimiento. Han transcurrido apenas tres semanas y Josefina, con noventa años, en esta fría madrugada de invierno se nos ha ido. Deja, eso sí, un impresionante legado de mujer luchadora, un ejemplo tan importante en estos tiempos que corren.

    Josefina confesó las últimas palabras que Marcelino pronunció antes de morir: “Si uno se cae, se levanta inmediatamente y sigue adelante”. Una máxima que ella misma llevó a la práctica y que ya forma parte del ADN de las Comisiones Obreras.

    Fue el 8 de mayo de 1927, en un tiempo de entreguerras mundialmente convulso, cuando Josefina Samper vio la luz en la localidad almeriense de Fondón, hija de un minero y de una emigrante alpujarreña.

    Por nacimiento, impregnado el alma y el corazón, sabe Josefina que la vida no es un camino de rosas para los más desfavorecidos. Con apenas cuatro años ya es una emigrante en Orán, donde desde muy niña trabaja en un taller de confección. La conciencia de clase la adquiere a pie de tajo y a los 12 años se afilia a la Juventud Socialista Unificada y dos años después al PCE.

    Siempre emprendedora y solidaria, en 1944 organiza un grupo de apoyo a inmigrantes y refugiados, entorno en el que cuatro años más tarde conocerá a Marcelino. El preámbulo a las navidades de 1948, el 22 de diciembre, es la fecha en la que contraen matrimonio en una breve y humilde aunque sentida ceremonia. Es el principio de una historia de sólido amor y de lucha codo a codo.

    En 1957 Marcelino es indultado y la familia, ya con una hija, Yénia y un hijo, Marcel, se trasladan a Madrid, al castizo y humilde barrio de Carabanchel, donde vivirían prácticamente toda su vida. Sindicalismo, política, creación de las Comisiones Obreras, lucha e infinidad de detenciones es la constante de esos tiempos. Josefina cose pantalones, teje jerséis y se convierte en el elemento fundamental para mantener la moral de tantos y tantos perseguidos, detenidos y torturados.

    Es en ese escenario gris, pero con la alegría de la lucha, cuando junto a otras mujeres de presos, de represaliados; junto a mujeres concienciadas, comunistas, combativas crea el “Movimiento Democrático de Mujeres”, organización feminista cuyo objetivo era ayudar a los presos políticos intentando mejorar las lamentables condiciones en las que se encontraban.

    Su familia, las Comisiones Obreras, su partido, la lucha por la igualdad son su vida. Asimismo, tras la muerte de Marcelino, también su vida ha sido seguir siendo su voz y transmitir su memoria, una labor que ya es responsabilidad de las Comisiones Obreras. ¡Hasta siempre Josefina!, mujer, inmigrante y luchadora.

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